Yamir apretó el cigarrillo entre sus labios, y al pitarlo pudo sentir el amargo sabor del humo pasando a través de su garganta. Entre cerró sus ojos y elevó su mirada hacia una extraña nube en el cielo, que parecía correr sofocada por el abrasador calor del desierto. A lo lejos, tras una cortina invisible que deformaba la vista difusa, un vehículo levanta polvo en el seco camino serpenteante. Tomó su fusil de asalto por la correa, lo llevó hacia atrás de su hombro y con un gesto de su mano, le indicó a su compañero la novedad que se acercaba aún a lo lejos y mientras él le arrancaba una nueva bocanada de humo al tabaco. No le llamaba la atención, era natural que los civiles cruzaran el puesto a esta hora del mediodía. Seguramente llegaban para visitar a familiares, cargados de mercaderías y presentes para compartirlos. Yamir había aprendido con su oficio, que una mirada fría y desconfiante, solía producir un efecto de generosidad en estos viajeros, quienes ante el temor de ser demorados, solían ofrecer gentilmente cigarrillos, golosinas o alguna bebida alcohólica.
El otro guardia acababa de atravesar la puerta de la caseta de seguridad, cuando vio a su compañero doblar las rodillas al mismo tiempo que el sonido seco del arma quedaba estampado en el medio día desértico. Instintivamente se arrojó hacia atrás, mientras los vidrios de la ventanilla de inspección a su izquierda, explotaban en miles de pedazos. Cayó al suelo de espaldas, e intentó darse vuelta en un desesperado intento por buscar refugio en el interior del puesto. Una nueva ráfaga barrió la puerta que se dobló cómo un cartón a medida que la chapa gritó acusando los impactos de 9 milímetros que atravesaban y barrían todo a su paso. Casi al mismo tiempo, las puertas delanteras de la camioneta se abrieron y conductor y acompañante bajaron blandiendo fusiles automáticos AK-47 y en paso decidido avanzaron hacia el frente del vehículo. Un tercer hombre saltó del lado trasero y volvió a abrir fuego con su ametralladora hacia el interior de la garita, donde el humo ya era tan intenso que no permitía ver nada en su reducido interior.
